viernes, 19 de enero de 2018

Coímbra

Una de las principales ciudades de Portugal, Coimbra se destaca por ser ciudad universitaria. Allí se fundó la primera universidad de Portugal. De origen romano Æminium, que luego tomó el nombre de Conímbriga.  Luego paso a manos de los visigodos, árabes y finalmente reconquistada por los cristianos. Fué la capital de Portugal hasta el siglo XIII.

 
 
 
Caminar por sus estrechas e inclinadas calles es delicioso. Como gran parte de las ciudades europeas, han recuperado la ronda del río Mondego; uno de los mejores planes es caminar despreocupadamente por ella.

 
 
Es impresindible vistar la universidad, que en el 2013, la  Unesco eligió el campus histórico de la Universidad de Coímbra como Patrimonio de la Humanidad.

Es normal encontrarse a estudiantes con su uniforme negro paseando por la ciudad. Tiene un ambiente relajado y universitario que invita a pasar un buen rato entre sus calles y bares.

Pasando el río están las ruinas del Monasterio de Santa Clara, refundado en 1314 por la reina Isabel de Portugal como un convento de Clarisas en la parroquia de Santa Clara. Ademas de su interes arquitectónico es increable verlo. La construcción junto al rio y su alto nivel freatico llevo a que este estuviera con una humedad muy alta y se inundaba con frecuencia. Para solucionar en parte este inconveniente desidieron hacer un sobre piso sobre el nivel de inundación y dejando el resto bajo el agua. Se puede visitar y es un gran monumento para visitar.
 






















Hacer un recorrido por el rio Mondego es delicioso. Y sobre todo pasar la tarde y ver la caida del sol y la ciudad iluminada.

 

Alcobaça, Batalha y Tomar. La ruta de los Monasterios.

Una ruta increible para realizar estando en Portugal si se es amante de la historia y de los monumentos arquitectónicos, es la de estas tres ciudades muy cerca entre ellas. Las tres son orgullosas poseedoras de un impresionante monasterio; cada uno muy especial y único, y son todos patrimonio de la humanidad de la Unesco. Hoy en día ninguno cumple con sus funciones originales después de la expropiación a las órdenes religiosas que vivió el país en el siglo 19.

Alcobaça

A 109 km de Lisboa y en un buen tren (comboio, como se dice en portugués) llegamos a Alcobaça. Una pequeña y encantadora ciudad de un poco mas de 15.000 habitantes que se desarrolla alrededor de un gran monasterio de color blanco fundado por la orden Cisterciense en el siglo  XII.  Se levanta frente a una magnifica plaza y lo primero que se ve es la impactante iglesia gótica con fachada renacentista. Su interior asombra por sus dimensiones con la sobriedad y sencillez que caracterizaron esta orden de origen francés. Nos hospedamos en un hostel espectacular justo en esa plaza mirando hacia la iglesia.
  
 
Ya en el interior una de sus características más notable son las grandes chimeneas de las cocinas con los característicos mosaicos portugueses, donde nos explicaron se cocinaba un chivo entero. También encontramos una poceta con agua natural de un río cercano corriendo en su interior. Los salones de refrectorio y vivienda comunal de estilo gótico son hermosos. Para esta orden la vida en total comunidad era primordial.
 
 
  El claustro nos sorprendió con una gran lavatorio en una de sus esquinas, decorado con tallas características de la arquitectura de comienzos del renacimiento en Portugal, que denotaba la riqueza del reino.
 
 Dejando el monasterio y la catedral y caminando 15 minutos se llega a la cima de un pequeño montículo donde se encuentran las ruinas del viejo castillo. No queda mucho en pie pero la vista es espectacular. La ciudad también es muy linda y agradable de recorrer. En un día ya se ha visto toda!
Despues de recorrer el monasterio, la catedral y la ciudad es muy reconfortante pasar la tarde tomando algo en la plaza admirando el hermoso monasterio. Nosotros fuimos en diciembre así que para calentarse un poco nada mejor que el licor de cereza típico de la zona.
 

Batalha

Siguiendo nuestra ruta tomamos un bus con destino a Batalha, otra pequeña ciudad con un gran monasterio: Santa Maria da Vitória, mandado construir en honor a la virgen María por el rey Juan I (Joao I) después de vencer a Castilla en la batalla de Aljubarrota. Este impresionante edificio en piedra amarilla de estilo Gótico tardío, es una de las pruebas claras de la potencia que era Portugal en ese momento, un espectacular trabajo en piedra con toda clase de tallas en arcos y columnas y muy decorado (hasta recargado gracias al famoso estilo manuelino); fue aumentando de tamaño a medida que pasaba el tiempo y cambiaban los reyes hasta el punto en el que, como muchas de las obras de la época, quedó inconclusa. Sin embargo esto se convirtió en uno de sus mayores atractivos ya que se puede visitar una capilla que su construcción llego hasta las columnas y el arranque de la cubierta. Quedó a cielo abierto. Es una maravilla. También es de resaltar que dentro de uno de los espacios más grandes del monasterio, la sala capitular hay una tumba al soldado desconocido de la Primera Guerra Mundial que está custodiada constantemente por dos guardias.
 
 
 
 
El monasterio sufrió un momento trágico cuando las tropas de Napoleón lo invadieron y saquearon. Posteriormente fue abandonado pero se restauró.
A parte del monasterio, la ciudad no es tan pintoresca como Alcobaça, así que decidimos salir ese mismo día hacia nuestro último destino.

Tomar

La última ciudad que visitamos en nuestra ruta fue Tomar, más grande que las dos anteriores. Su monasterio está ubicado en lo alto de una montaña, dentro del conjunto que fuera un castillo templario del siglo XII. Dentro de la ciudad  resalta su hermosa plaza adoquinada como un ajedrez.
A diferencia de los dos monasterios anteriores, este es mucho más complejo ya que fue un castillo templario fortificado, posteriormente un palacio real y un monasterio. Por esta razón es una gran mezcla de formas, estilos y usos.

 


                                                
 
 Como todos los grandes edificios sufrió grandes modificaciones e influencias. Romanico, gótico y renasentista. Una de las más notables es de estilo Manuelino (caracterizado por una gran decoración).